El valor del diseño.

Si algo positivo está teniendo el momento que vivimos desde hace ya más de un año, es el tiempo de reflexión ganado al ritmo frenético de nuestras vidas.


La necesidad de vivir con prudencia está extendiendo el uso de las horas y su valor. Para mí, entre otras cosas, ha supuesto un tiempo para la reflexión profunda. Poder parar, escuchar el ruido de la ciudad, seguir los pasos naturales de una hormiga que ha trepado hasta la barandilla de la terraza, mirar el cielo detenidamente, y poder pensar en lo importante.




Virginia Herrera. Proyecto Habitat.



La reflexión a la que me invitaba Lourdes Treviño hace unas semanas era ciertamente sugerente: ¿estudiar diseño, tiene sentido?, ¿es un camino profesional con futuro?


Soy arquitecta, doctora en arquitectura e hija de arquitecto. Directora de una escuela de diseño de prestigio y madre de un niño de once años capaz de hacer realidad mil ideas de interiorismo en Minecraft. Así que la pregunta de Lourdes tocó en el epicentro de mi camino en un momento en el que confiar en la visión de uno y en el valor de cada gesto es necesario para continuar con energía y motivación.


Estas líneas son fruto de la reflexión profunda que llegó a continuación. Reflexión sobre algo que, dicho sea de paso, me cuestiono a mí misma con cierta periodicidad.


Estamos asistiendo a un devenir histórico y global, como es esta pandemia, cuya magnitud y emergencia se han erigido en detonantes para la aceleración de una transformación necesaria del mundo que vivimos. Empezando por el cambio de rutinas, que hemos pasado a desarrollar en el entorno virtual: la enseñanza y el aprendizaje, el trabajo, el consumo –comercio, hostelería, entretenimiento, cultura-, la socialización… suceden a través de la pantalla. Gracias a la tecnología digital somos capaces de acercarnos a cualquier lugar, nuestra movilidad física se ha tornado local, y las redes de movilidad se han visto modificadas, acelerando la necesidad de repensar la ciudad. Estos nuevos escenarios han traído consigo, además, un cambio en el uso de los recursos de la energía que asciende exponencialmente en su forma eléctrica, en relación directa al detrimento de la forma combustible.



Beatriz Amann. Directora de la escuela de diseño IED Madrid.


En estas situaciones de necesidad, debemos valorar la oportunidad para poder avanzar hacia un desarrollo ciertamente sostenible. No importa si lo llamamos ODS (Objetivos para el Desarrollo Sostenible para el 2030 de las Naciones Unidas) o Green New Deal (proyecto New Bauhaus de la Unión Europea), lo importante es que ha llegado el tiempo de un cambio de paradigma, del compromiso con nuestro hábitat a nivel natural y humano. Esto conllevará nuevos modos de vida y tenemos a nuestro alcance que sean mejores.


El diseño va a jugar un papel fundamental en este escenario porque la visión del diseñador el capaz de adelantar las nuevas necesidades y dar forma a la experiencias futuras: cómo habitaremos nuestros hogares, cómo serán los espacios compartidos para que sean seguros, cómo ha de transformarse el consumo –la hostelería, la restauración, el retail, el turismo, el ocio-, qué experiencias puede brindar el espacio virtual, y cómo todos estos espacios y experiencias pueden ser estéticamente bellos, confortables y energéticamente viables. Así es que está en manos de los diseñadores visualizar, proponer, diseñar y construir estos nuevos escenarios. Su pensamiento humanista y estratégico, su capacidad para poder imaginar nuevos modelos espaciales, su visión estética, su cuidado por el usuario, su conocimiento de los nuevos materiales y sistemas constructivos y de producción, van a ser una pieza fundamental de nuestro tiempo.


Ángela Pérez Valero. Proyecto Interactive Cooler.




Pienso que es momento de dejar a un lado la imagen del diseño como mero vehículo de lo estético, porque su verdadera naturaleza lo trasciende como motor de transformación de la sociedad contemporánea.

Una vez más, no tengo duda de que mi dedicación como formadora en diseño de interiores y de producto es valiosa para la sociedad. Y tampoco tengo duda de que mi vocación es honesta.


PhD. Beatriz Amann

Arquitecta

Directora de la Design School de IED Madrid

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